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¿ Qué quiere decir ser Laico Marista ?

Reflexión del Hermano Pau Fornells, del Secretariado de Laicos.- Para mí, el elemento prioritario para toda definición de vida marista, sea ésta laical o religiosa, está en la conciencia de la propia vocación bautismal (seguimiento de Cristo), concretada en la adhesión apasionada al carisma que Dios concedió a la Iglesia a través de Marcelino Champagnat y los primeros hermanos.

No deja de sorprenderme que, una y otra vez, esta pregunta siga asomando en muchas reuniones maristas a lo largo y ancho de los cinco continentes. Sigue habiendo problemas para identificar quiénes pueden considerarse “verdaderamente” laicos maristas al estilo de Champagnat. Y el problema no se da sólo entre los hermanos, también hay muchos laicos que se hacen la misma pregunta.

 


La cuestión es tan importante que el último Capítulo General (2001) menciona hasta cuatro veces la necesidad de profundizar en nuestra identidad específica de hermanos y de laicos (Optamos por la vida, nº 24, 29, 44.6, 47.2). Siguiendo estas directrices, el actual Consejo General determinó nombrar una Comisión compuesta por laicos y hermanos (enero 2006), para que redacte un documento sobe la vocación del laico marista, que incluya una descripción de los rasgos de su identidad, los posibles modos de asociación del laicado y su vinculación al Instituto.


¿Cuáles son, pues, los rasgos distintivos que permiten definir y detectar quién es un verdadero laico/laica marista?


Aún con el riesgo de poder ser considerado simplista o apresurado, quisiera compartir unas pistas que, personalmente, me parecen muy claras en este asunto. Por la brevedad del espacio, no voy a hacer aquí distinciones teológicas entre vida laical y vida religiosa, aunque sean muy interesantes y necesarias. Tampoco voy a hacer un elenco de los diferentes grados de compromiso que pueden darse en todo laico o laica marista, que posiblemente dependan de muchas circunstancias de la propia vida de cada uno.


Para mí, el elemento prioritario para toda definición de vida marista, sea ésta laical o religiosa, está en la conciencia de la propia vocación bautismal (seguimiento de Cristo), concretada en la adhesión apasionada al carisma que Dios concedió a la Iglesia a través de Marcelino Champagnat y los primeros hermanos. Todo lo demás podrán ser pasos previos de conocimiento, interés, admiración, reconocimiento, colaboración, cariño, nostalgia de tiempos gozosamente vividos, etc., o podrán ser ya concreciones posteriores, como la asociación, la posible vinculación jurídica, las formas concretas de vivir la misión…


Cuando unos hombres y unas mujeres se sienten fuertemente atraídos y fascinados por ese estilo de vida (espiritualidad) que inauguraron Marcelino y los primeros hermanos, y se sienten identificados con su misión (la pasión por la educación cristiana de los niños y los jóvenes, especialmente los más abandonados), Dios les está proponiendo ser continuadores de ese camino marista, les está llamando a “ser maristas”, independientemente de su llamada a la vida laical o a la vida religiosa.

 

El proceso es: vocación bautismal, que incluye la vocación humana, vocación marista, y vocación laical, religiosa o presbiteral. Evidentemente, la toma de conciencia de esta vocación no viene necesariamente en una sucesión de tiempos desconectados y en este orden propuesto.


Igual que, a lo largo de casi dos siglos, Dios ha ido llamando a los hermanos, hoy, con la misma fuerza y radicalidad, también llama a los laicos a vivir plenamente esta vocación de “ser maristas”. Y cuando estos laicos y laicas se hacen conscientes de esa especial y maravillosa llamada, regalo del amor y predilección que les tiene el Señor, entonces, sienten la fuerza (carisma) de querer responder con “un sí total y para siempre”, y nace el laico y la laica marista.


No se trata de una vocación de segunda categoría, menos radical, supeditada a la dirección de los hermanos, de carácter sólo temporal (para cuando tienen tiempo y ganas). ¡No! Esa vocación tiene tanta fuerza como la del hermano, implica la vida entera y le da su misma razón de ser. Uno ha encontrado el tesoro de su vida.


Eso sí, esta vocación marista deberá ser vivida desde su estado de vida laical, implicados en las tareas seculares de la construcción del mejor mundo posible, aquí y ahora; mientras, los religiosos hermanos, lo intentamos hacer desde la vivencia de unos votos que nos hacen ser signos de un Reino que también es parusía y, por tanto, siempre está más allá de los mejores esfuerzos humanos, regalo de Dios que trasciende todo lo imaginado.

Los laicos maristas privilegian la inmanencia de Dios en este mundo, mientras los hermanos debemos mostrar la trascendencia de un Dios siempre mayor. Laicos y hermanos, conscientes de nuestra especificidad, pero hermanados en una única y maravillosa misión: llevar a los niños y a los jóvenes, de la mano de María, hacia Aquél que es el único Camino, Verdad y Vida: Jesucristo Nuestro Señor.

 

Autor : Hermano Pau Fornells. Secretariado de Laicos - Roma

Visita su Blog en : www.champagnat.org

 

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