Hace unas semanas, tan sólo, terminamos una nueva experiencia de formación conjunta de hermanos y laicas maristas, en Chosica (Perú). Fueron diez de días de compartir “Vida”, especialmente la acción de Dios en nuestras vidas de hermanos, laicos y laicas.
Éramos de seis países diferentes, pero, poco a poco, fuimos sintiéndonos “un solo corazón y un mismo espíritu”, como nos pedía Marcelino. Somos conscientes de que esta experiencia no fue fruto sólo de nuestros esfuerzos. Descubrimos que Dios la quería, que Él se sentía contento de que la viviéramos, que Él la había preparado para nosotros.
Por momentos, nos parecía un sueño; pero algo muy interior a cada uno nos repetía: “Nada de quedarse en una mutua complacencia, en un espejismo o un ‘nido de amor’ creado artificialmente. Soy Yo quien lo quiero. Busco vuestro compromiso porque quiero revitalizar el carisma marista.
La habéis llamado “experiencia” porque debéis experimentarla en la vida de cada día. No basta con “gustarla”, os tenéis que convertir en profetas de ella para vuestros hermanos y hermanas. Sin ningún afán de protagonismo, sino sólo para construir el Reino, aquí y ahora. Necesito trabajadores para reconstruir la ‘Casa Marista’; una casa con profundos cimientos que nacen de la intimidad conmigo y del compartir la vida con los demás; una casa donde quepan todos, especialmente aquellos que son olvidados y excluidos; una casa hecha canción, alegría, esperanza… para que los niños y los jóvenes encuentren hermanos y hermanas que les ayuden a andar por la vida; una casa donde todos aprendemos de todos y nadie es más que nadie; una casa donde Yo moro, porque Yo soy Comunidad.”
Cuando Dios pasa por la vida de las personas, no tenemos derecho a dejar extinguir el fuego: debemos brillar porque la luz recibida no es nuestra, es para los demás. Ellos y ellas esperan ese fuego que caliente sus vidas. Ellos y ellas quizá ni sepan que existe este fuego. Debemos arder. Sí, arder como una gran hoguera que se haga visible para todos aquellos que tenemos alrededor. Y tenemos que invitar a acercarse a este Fuego, que es la razón de nuestro ser, seamos hermanos, laicos o laicas.
Es un fuego que debemos mantener entre todos, cada uno alimentándolo con los dones particulares que Dios le ha dado. Y a todos, nos ha dado muchos dones para ello. No podemos contentarnos con decir: “Yo no puedo, yo no tengo, yo no sé…” ¡No es verdad! Dios nos ha dado a todos su Espíritu. No pequemos, pues, contra el Espíritu Santo. Él nos ha invitado a ser Comunidad de Vida, no para crear nuevos “ghettos”, sino para animarnos, para apoyarnos, para complementarnos en continuar que la Gran Hoguera arda. Sí, seamos COMUNIDAD, aunque la distancia nos separe. Construyamos nuevas comunidades donde se comparta vida, la Vida. Y no desmayemos cuando las primeras dificultades aparezcan, cuando haya algunos que no nos entiendan y, creyendo que hacen el bien, intenten destruir aquello que comenzamos. Debemos estar dispuestos a empezar una y mil veces, y esto sólo lo conseguiremos en Comunidad.
En la evaluación de nuestra experiencia de formación conjunta y vitalidad carismática, constatábamos sueños que queríamos convertir en realidades:
• Sueño con que damos inicio a nuevas comunidades, donde recreamos el carisma, contagiamos a las personas e incluimos a nuestras propias familias.
• Sí, es posible animar a otros laicos y laicas a vivir el sueño de Marcelino, desde la vivencia personal de su vocación, en su relación con los otros, con una misma misión.
• Me siento llamado a reconfigurar algunos elementos de mi vocación de “hermano”, desde esta nueva mirada marista, de hermanos y laicos juntos. Llamado a vivir con entrega y fidelidad lo que este suceso del Espíritu va despertando.
• Quiero ser testimonio desde mi familia, profundizar en la fe, el carisma, la misión y el Evangelio…
• Después de tantos años de hermano, intuyo que el camino de comunión y vida con los ‘laicos vocacionados’ es un camino en el carisma.
• Reencuentro, renovación, nuevos desafíos… es lo que he encontrado, en relación a una llamada que reconozco como constante en mi historia personal: como si Dios, jalándome cariñosamente las orejas, me pusiera enfrente de lo que está pidiendo. Cierro los ojos, intento mirar adentro y profundo, y encuentro algo que resuena muy fuerte.
• Quiero poder iniciar un proceso similar en mi provincia, de la mano de otros hermanos, laicos y laicas que vibren con este nuevo estilo de formación conjunta.
• Estoy encontrando el camino que está reconfigurando mi vida. Estos sentimientos e intenciones nacidas en mí, ya tienen un nombre: vocación marista.
• Nuestro Dios se complace en construir sobre nuestras debilidades.
• Sin comunidad no hay misión. La comunidad es para la misión. La misión es crear comunidad.
• Quiero estar abierto a la novedad del Espíritu, hermanos, laicas y laicos, juntos, y bebiendo de la misma fuente.
• La acogida y la apertura a compartir la vida, cuando se hace en un clima de fe y fraternidad, es una llamada a iniciar un nuevo camino con los laicos, laicas y hermanos.
• Estamos frente a un nuevo tiempo. Algo nuevo está naciendo. Debemos recrear nuestra espiritualidad, nuestro carisma y dar respuesta a los nuevos signos de los tiempos.
• Un corazón que conoce a Cristo, ya no vuelve a su estado normal.
• Dios hace las cosas, pero cuando Él trabaja, los hombres y las mujeres sudan… ¡Todos a sudar!
• Comunión, vocación, futuro… Experiencia de reencuentro con mi mejor ‘yo’, desde el que soy hermano… Cuando puedo expresarme sin ambages, naturalmente, tocando la roca interior de mi ser, de la fidelidad a mi ser primordial.
• Los laicos nos quieren más “hermanos”.
• Nueva vida, nueva aventura, nuevos desafíos… ¡Sí! ¡Otra vez! ¡A empezar de nuevo!
• Hay multitud de compañeros y compañeras maravillosos que esperan nuestra invitación…
¡Que no sean tan sólo sueños o realidades muy localistas y temporales! Dios está con nosotros. Tengamos fe que Él lo puede TODO. Pongamos nuestras manos, nuestra mente, nuestro corazón… Dios hará el resto. Y Jesús, María y Marcelino, sonrientes, se unirán a nuestro júbilo y a nuestra fiesta.
Hermano Pau Fornells - Secretariado de Laicos - Casa general - Roma
Fuente : http://www.champagnat.org/es/221400002.asp?id=9459
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