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Feliz año 2010, lleno de Dios y de vocaciones maristas

Mañana del 1 de enero de 2010. Me he levantado con muchas ganas para saludar el Año “Nuevo” y dar la bienvenida a la “nueva” vida. Ayer por la noche tuvimos una hermosa oración comunitaria para terminar el año. Nos pedimos perdón y agradecimos todo lo que el 2009 nos había deparado, poniéndonos “nuevamente” en las manos de Dios para que se haga su voluntad.

Los hermanos que habían preparado la oración nos motivaron para que cada uno escribiera en un papel un hecho y/o unas personas por las que quisiera agradecer especialmente a Dios al final de 2009, y colocara plásticamente esa acción de gracias sobre un gran calendario, donde se distinguían fácilmente los 12 meses del año pasado.

 

Fue muy bonito escuchar el agradecimiento de los hermanos de la comunidad por tantas cosas sencillas, por tantas personas queridas, porque el año finalizado se leía en una clave muy positiva y se apuntaba a un 2010 lleno de esperanza y entusiasmo.

 

Cuando recibí la hoja de papel y las indicaciones, en un instante me vino a la mente la acción de gracias: “Gracias, Señor, por la vocación laical marista”. Sí, era lo que había llenado mi año de trabajo y también mi corazón de hermano, mi contacto con tantos laicos, laicas y hermanos, mis preocupaciones y temores, mi oración y mis sueños. Y así lo expresé a mis hermanos.

 

“Gracias, Señor, por la vocación de los laicos maristas que enriquece nuestra vocación de hermanos y es un auténtico regalo para la Iglesia y el mundo. Gracias porque el XXI Capítulo General así lo ha reconocido y ya no hay vuelta atrás: Reconocemos y apoyamos la vocación del laico marista. Creemos que es una invitación del Espíritu a vivir una nueva comunión de hermanos y laicos maristas juntos, aportando una mayor vitalidad al carisma marista y a la misión en nuestro mundo. Creemos que es un “Kairós”, una oportunidad clave para compartir y vivir con audacia el carisma marista, formando todos juntos una Iglesia profética y mariana. Gracias por los Hermanos Capitulares que así, tan bellamente, lo formularon y lo aprobaron. Y gracias por tantos laicos, laicas y hermanos que, en las diferentes presencias maristas del mundo, lo hicieron posible.”

 

No crean que fue tan fácil este reconocimiento. Como todo lo “nuevo”, ha costado un doloroso parto. Ahora ya tenemos formulado en palabras “aprobadas por un Capítulo General” lo que hace tiempo ya anidaba en el corazón de muchas personas. Se necesitaba este espaldarazo institucional. Había personas, hermanos y laicos, que ponían en duda que lo que experimentaban algunos laicos y laicas fuera una llamada de Dios a la vida marista. A algunos, les parecía que la vocación del laico marista podía atentar contra la vocación del hermano marista o, al menos, confundir su identidad. Otros temen que esto derive en una lucha de poder en las obras maristas o desconfían de la fuerza del compromiso laical.

 

Ahora debemos seguir luchando para que no sea entendida como una vocación de segunda categoría. Eso dependerá de cada laico y cada laica que la encarnen. Necesitamos con urgencia laicos y laicas santos, hombres y mujeres de Dios que vivan su vocación en radicalidad evangélica desde su forma de vida. El convencimiento no viene del mundo de las ideas sino de los testimonios de vida. También dependerá, como muy bien dice el XXI Capítulo General, del apoyo de los hermanos.

 

Estamos iniciando 2010. Es momento de ofrecernos a Dios ante este nuevo año que empieza y pedirle las fuerzas necesarias para hacer su voluntad, aquí y ahora, en fidelidad creativa al carisma de san Marcelino. ¡Ánimo, hermanas y hermanos, para “poner carne” a las palabras del Capítulo General! Que, a final del año podamos dar gracias también porque hemos seguido abriendo nuevos procesos de afirmación de la vocación laical marista. Que vayamos construyendo el gran sueño de los hermanos y laicos capitulares:

 

Contemplamos nuestro futuro marista como una comunión de personas en el carisma de Champagnat, donde nuestras vocaciones específicas se enriquecerán mutuamente. (Hermanos y Laicos, en un nuevo espíritu de comunión, nº 2)

 

Esto es una auténtica “bomba de expansión” para el Instituto, la Iglesia y el mundo. Hagámosla estallar en nuestros corazones y en nuestras relaciones humanas: familias, comunidades, ambientes de trabajo…

Les deseo a todos un año 2010 lleno de Dios y de vocaciones maristas.

Hermano Pau Fornells Sala, Secretariado de Laicos, Casa General, Roma.

Fuente : http://www.champagnat.org/es/240215001.asp?id=50040

 

 

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