
Parece que cada vez más gente de todo el mundo aboga por la desaparición de la Iglesia. El presidente boliviano Evo Morales la ha calificado como «símbolo vivo» del colonialismo europeo que debe desaparecer de Bolivia. El dictador venezolano Hugo Chávez llama «ignorantes», «perversos» y «mentirosos» a los obispos de su país. La Asociación Juan XXIII, un organismo internacional de teólogos y pastoralistas ex-católicos, ha hecho llamados a abandonar el catolicismo y sustituirlo por una «ética cívica».
En las marchas del «orgullo-gay» —que son apoyadas por los gobiernos— no faltan los homosexuales que se burlan disfrazándose de obispos y monjas en actitudes provocativas, y ostentan pancartas y gritan consignas anticristianas; en España, por ejemplo, sus clamores son: «Vamos a quemar a la Conferencia Episcopal por machista y patriarcal», «La Iglesia, que se calle», etc.


















