
El desempleo es uno de los problemas más graves de la sociedad y el origen de otros muchos conflictos personales, familiares, morales y humanos.
Un paro generalizado es un mal social, es un desorden moral, es un drama humano al que es necesario poner remedio con carácter prioritario. Todos estamos llamados a contribuir en la solución del problema, porque todos somos responsables de cuanto afecta a la comunidad humana a la que pertenecemos +( Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis (SRS), 38).
En la medida de sus limitadas posibilidades, la Iglesia promueve diversas iniciativas, tanto para el conocimiento y difusión de la doctrina social de la Iglesia como para contribuir positivamente a remediar el desempleo. Organizaciones e iglesias realizan una constante y meritoria labor de acercamiento a la clase trabajadora, ofreciéndole la doctrina social a la Iglesia y poniendo en marcha, con los limitados recursos de que disponen, sus programas de promoción de empleo y de formación ocupacional.


















