
Tomando como base el desarrollo de la experiencia de la Iglesia primitiva, von Balthasar habla de cinco principios que constituyen la estructura fundamental de la Iglesia: el principio petrino, el principio paulino, el principio joánico, el principio jacobeo y el principio mariano que los abarca a todos.
El principio petrino es el más conocido: trae a la mente la figura de Pedro. A partir de la lectura del evangelio, de los Hechos de los Apóstoles y de las cartas de Pedro, von Balthasar señala la figura de Pedro relacionándola con la proclamación del kerigma y con su realización concreta en la vida cristiana. La continuación de la misión de Pedro tiene que ver con el Credo predicado de manera ordenada en todo el mundo, a través del ministerio pastoral.
El principio paulino está vinculado al carácter misionero de Pablo, el apóstol de los gentiles, el que se convirtió en cristiano por pura gracia, sin méritos ni obras, rompiendo irremediablemente con el pasado. Podemos ver como continúa la misión de Pablo en la irrupción desde lo alto, imprevista y siempre nueva, de nuevos carismas en la historia de la Iglesia.







