
No cabe duda de que la educación de los hijos y el establecer con ellos una relación adecuada no es una tarea fácil. La clave no está muchas veces en lo que se dice y explica, sino en el ejemplo que les dan, día a día, sus propios padres.Es un hecho comprobado por la psicología de hoy, que los factores más radicales que intervienen en la educación se establecen en relación con la imitación del comportamiento de los padres, que es observado continuamente por los hijos, ya que les sirve de guía a la hora de ir estableciendo un modelo de identidad que dirige el progresivo desarrollo de su personalidad.
Naturalmente, el hijo es otra persona distinta que los padres y no va a imitarlas en todo, especialmente durante períodos más críticos de la vida, como son la juventud y la adolescencia, en que se manifiesta una natural oposición a los padres y a lo que éstos piensan.En algunos casos, se rechaza por completo la figura materna o paterna, tendiéndose sobre todo a lo que es contrapuesto a ellos y a lo que representan. Pero en estos casos más excepcionales suelen existir conflictos psicológicos de cierta relevancia en los hijos o en los padres.












