
Héctor Javier Pizarro Acevedo, obispo de Trinidad desde 2001, afirma que, después de ocho años, "estamos pasando en este momento por una situación bastante buena si lo comparamos con la época en que yo llegué".
Cuando Pizarro llegó a Trinidad, el vicariato estaba en manos de los paramilitares. Ejercían una presión, no contra la Iglesia, pero sí contra la gente del campo, "que tenía que pagar una ‘vacuna', una especie de tasa, por el solo hecho de vivir, de tener algún animal, de tener alguna propiedad, de tener algo."







