
El martes 21 de octubre fui a la Secretaría de Estado del Vaticano para recoger los dos Breves Apostólicos de las beatificaciones del H. Bernardo y del grupo de Laurentino, Virgilio y otros 44 hermanos mártires. Fue un momento de alegría para el postulador, pero también para toda nuestra familia marista, especialmente si se tiene en cuenta que la acogida por parte de la Secretaría de Estado fue extremadamente cordial.
En sí mismo, este hecho podría tener una importancia secundaria si no nos recordara nuestro ideal de llegar a ser santos gracias a la acogida del amor de Dios y la acogida del hombre mediante el amor, el servicio, el don de sí. Ya nos lo había dicho nuestro fundador: “¡Hacerse Hermano es comprometerse a hacerse santo!”
Los dos Breves Apostólicos recuerdan asimismo la convicción y la certeza de que nuestra santidad marista es muy vasta, densa, cotidiana : la sonrisa de un niño, la manera de acogerlo, su inteligencia que se desarrolla, las oportunidades de vida que se abren ante él, el anuncio de Jesucristo a los jóvenes.





















