
Casa General, Roma. 6 de Junio de 2010. Tal día como hoy, hace 170 años, el H. Francisco cumplía con la triste obligación de comunicar al Instituto que su querido hermano y amigo, Marcelino Champagnat, había muerto: “El sábado 6 de junio, a las cuatro y media de la mañana, nuestro buen Padre Superior se ha dormido pacíficamente en el Señor, después de tres cuartos de hora de una serena agonía… En esta dolorosa circunstancia, os invitamos, queridísimos hermanos, a unir vuestras lágrimas y vuestras esperanzas a las nuestras.
Lloremos a un buen padre, a un digno Superior y Fundador, a un santo sacerdote de María, nuestro apoyo, nuestro guía, nuestro tierno consolador. Lloremos porque la muerte nos ha quitado a aquel que sabía compartir tan bien nuestras penas y dirigir nuestros pasos por la vía de la salvación… Nos corresponde a nosotros ahora, recoger y seguir con atención sus últimas y tan impactantes enseñanzas; hacerlas revivir en cada uno de nosotros, imitando las virtudes que admiramos en él y, más que nunca, estrecharnos en torno a nuestra buena y tierna Madre”.


















