
Lo interesante es que Luisa Champagnat, tía paterna de Marcelino, perteneció a esa congregación de san José; expulsada del convento por la Revolución, se refugió en el hogar de los Champagnat y contribuyó a la educación del pequeño Marcelino. Es lógico pensar que, al crecer, Marcelino fuera asimilando algunos aspectos de la espiritualidad de su tía y haciéndolos suyos.







